CAPÍTULO
III
RELACIONES
CON ROBERT DALE OWEN
Tal
como les ocurre a todos aquellos que trabajan seriamente por la justicia en las
relaciones humanas, también Warren sufriría muchas decepciones, también vería
frustradas muchas de sus esperanzas y también vería muchas prometedoras plantas
arrancadas de raíz antes de alcanzar el éxito. No menos entusiasta por la misma
causa era Robert Dale Owen, quien, cuando Warren estaba repleto de ideas sobre
una aldea cooperativa, lo contactó en Cincinnati. Owen era rico y, en
asociación con Frances Wright, era por entonces editor y propietario de un
influyente órgano de reforma social, The
Free Enquirer, publicado en Nueva York. Manifestó mucho interés en los
puntos de vista de Warren, lo invitó a Nueva York y se ofreció a proporcionar
lo medios para fundar, en esa ciudad, una institución dedicado al comercio
equitativo, señaló el bien que podría ser logrado por la prensa y otros medios
de propaganda y educación que él controlaba y sugirió, también, la posibilidad
de ayudar en la formación de comunidades basadas en la equidad y la soberanía
individual.
Ganado
por completo por el entusiasmo y la generosidad de Owen, Warren se dirigió a
Nueva York a mediados del año 1830. Allí conoció a Frances "Fanny"
Wright, la primera mujer abolicionista. Conferencista popular y convincente,
reformadora lúcida y valiente, escritora erudita y poderosa, era una fuerza
digna de ser ganadas a los Principios. Wright no era comunista, aunque había
pasado algún tiempo con Robert Owen en New Harmony. Sus inclinaciones
intelectuales eran individualistas y Warren encontró en ella una oyente muy
comprensiva. Simpatizaron de inmediato y, a partir de entonces, su trabajo fue
inspirado por la filosofía social de Warren.
En
aquel momento, ella escribía la mayoría de los editoriales de The Free Enquirer y muy pronto la
influencia de Warren se hizo patente en los mismos. En una serie de artículos
sobre "La riqueza y el dinero" podemos rastrear esta influencia
rindiendo, en el séptimo de los mismos, con fecha del 23 de octubre de 1830, un
tributo a Josiah Warren del cual cito el
siguiente pasaje:
"Retirado
en Cincinnati, pasó dos años en un experimento que, tanto por la silenciosa y
humilde perseverancia con la que fue conducido como por las importantes
verdades que aclaró, debe tener pocos paralelos en la historia. Sin dinero,
respaldos ni influencias, sin ningún apoyo fuera de su propia convicción en el
valor de su principio y de las consecuencias beneficiosas que la práctica del
mismo traería a todos, explicó con perfecta claridad la posibilidad de vivir en
la abundancia utilizando sólo un tercio del trabajo que hoy se usa y
librándonos de la angustia que hoy, inevitablemente, conllevan los intercambios
monetarios".
"Pero
las ventajas materiales de este nuevo principio de comercio constituyen tan
sólo la mitad de sus virtudes. Toda mente inteligente y bienintencionada
descubrirá, también, sus ventajas morales. No sólo constituye un estímulo
honesto a la industria sino que elimina toda tentación de fraude y toda
posibilidad de especulación ruinosa y corruptora. Abre a cada ser humano el
camino de una independencia honesta y libera tanto a la juventud como al bello
sexo de la opresión y el abuso que hoy pesan sobre su trabajo. Tiende una mano,
también, al marginado y al vagabundo, estimulándolos al trabajo honesto y
liberándolos de la condena social y de la suspicacia del fariseo. Por último,
devuelve a la raza humana su primer derecho natural, la libertad individual,
completa e igual para todos".
Durante
este período Warren fue discreto y modesto -como, en general, lo fue durante
toda su vida- y su firma apareció en el periódico muy pocas veces. Las notas
del Free Enquirer sobre el
intercambio equitativo de trabajo (julio de 1830) están firmadas "J.
W.". También lo está una pieza satírica sobre los políticos, los
legisladores y los tribunales de justicia en la que Warren demuestra, a la vez,
humor y sentido común. Por aquellos tiempos, el New York Daily Sentinel publicó un editorial llamando la atención
sobre las nuevas ideas de "un individuo de Cincinnati", ideas a las que
recomendaba como la única solución posible a los problemas laborales y
sociales, ilustrando los Principios con un diálogo en el que el reformador
respondía a algunas objeciones.
Los
compromisos previos de Owen fueron retrasando el cumplimiento del plan que
llevó a Warren a Nueva York. Además, Owen tuvo que ir a Europa donde permaneció
varios meses, hasta que la muerte de un pariente cercano cambió todos sus
planes. Warren se cansó de esperar que donara algo para apoyar los Principios
y, en el otoño de 1830, regresó a Ohio.

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