miércoles, 1 de septiembre de 2021

 JOSIAH WARREN,
EL PRIMER ANARQUISTA AMERICANO, 
POR WILLIAM BAILIE (Capítulo V).


CAPÍTULO V

ACTIVIDADES VARIAS

En marzo de 1831, Warren regresó a Cincinnati para comenzar los preparativos de su siguiente movimiento, una aldea de Equidad. Comenzó por investigar cuáles serían las ramas de la industria de mayor utilidad para una nueva comunidad. No teniendo fe en la cooperación de los capitalistas en los movimientos reformistas, creía que la obra debía ser hecha por aquellos que no tenían más que sus manos, su tiempo y sus necesidades. Pero ¿cómo estas personas podrían estar disponibles? Para responder a la pregunta, este infatigable reformador inició una serie de experimentos prácticos en la herrería, la carpintería, la construcción de casas, el hilado a máquina y la elaboración de diversos artículos de primera necesidad. Pero lo más importante de todo fueron sus esfuerzos por simplificar y abaratar el arte de la impresión.

El año 1832 Cincinnati fue azotada por una epidemia de cólera. Sin tener ningún entrenamiento como médico, Warren se dispuso, de inmediato, a echar una mano a sus conciudadanos. Utilizó sus habilidades mecánicas para imprimir miles de folletos con instrucciones para combatir la terrible enfermedad. La información -los primeros síntomas de la enfermedad, los primeros auxilios, el mejor tratamiento- la obtuvo de las obras de un médico escocés, el Dr. James B. Kirk, una autoridad reconocida en la materia. Imprimió las hojas por su cuenta en una pequeña imprenta inventada por él mismo, y las distribuyó durante varios meses por toda la ciudad. Su hijo, el ahora capitán G.W. Warren de Evansville, Indiana -por entonces un muchacho de seis o siete años que solía ayudar a su padre en estas misiones- todavía recuerda el placer que experimentó el autor de sus días  cuando un ciudadano bien conocido, encontrándolo en las calles comprometido en su humanitaria tarea, lo detuvo, lo felicitó y le agradeció calurosamente. El capitán Warren afirma que el gobierno de la ciudad aprobó, posteriormente, una resolución de agradecimiento a su padre. Pero los registros públicos de la ciudad han sido  destruidos por el fuego y no hemos podido obtener ninguna copia de la resolución.

Durante este período, la música  fue la ocupación regular de Warren, siendo a menudo solicitados sus servicios como director de banda. Los masones y los miembros de otras órdenes fraternales solían celebrar funerales públicos para aquellos de sus hermanos que hubiesen sucumbido a la epidemia y en dichos funerales, que ocurrían casi todos los días, solía verse a Warren a la cabeza de la banda, tocando la marcha fúnebre. Tanto gracias a este trabajo profesional como a su dedicada labor en la impresión y distribución de folletos, el reformador era, por entonces, una figura popular en las calles de Cincinnati.

En enero de 1833 apareció The Peaceful Revolutionist ("El Revolucionario Pacífico"), el primer periódico de Warren, pero no sobrevivió al mismo año. Era un semanario de cuatro páginas dedicado a los principios de la Equidad, de tipografía y diseño amigables y amenos. Tan primitivos en este tiempo eran sus recursos y tan maravillosos su habilidad e ingenio que las placas de impresión se fundieron en el mismo fuego donde su esposa preparaba las comidas familiares. La imprenta que utilizó fue de su propia invención y con sus propias manos hizo los tipos. No sólo escribir e imprimir sino, también, construir la imprenta.  ¿Hubo alguna vez una empresa más autosuficiente? ¡Qué entusiasta devoción a una idea, qué decisión apasionada se mostraron aquí!

Hagamos una pausa para imaginar la vida que, hace ya setenta años, llevaba este hombre a la vez notable y modesto. Viviendo en una región remota y escasamente poblada, sostenía a su pequeña familia con su trabajo como músico de banda. Al mismo tiempo, su corazón se hallaba absorbido por los movimientos dedicados al bienestar general. Sus talentos estaban dedicados a la causa y sus momentos libres ocupados en invenciones destinadas a simplificar y  abaratar el arte de la impresión, en interés de la propaganda. Y, a pesar de que no buscaba ventajas personales ni lo movían intereses materiales, nunca se presentó a sí mismo como un filántropo, nunca pensó en su incesante actividad como un "sacrificio".  Lo impulsaba una simple y cálida simpatía por el prójimo y, a través de todas las vicisitudes y decepciones, mantuvo firme su fe en la regeneración final de la humanidad.

El condado de Tuscarawas, en Ohio, fue elegido como el lugar en el que surgiría la primera aldea de la Equidad. El pionero y sus amigos compraron cuatrocientas acres de tierra y así, a principios de 1835,  cerca de media docena de familias, incluyendo a los ya mencionados adherentes de Spring Hill, tomó posesión de la finca. Lamentablemente, al poco tiempo se descubrió que, en este lugar, la malaria y otros males eran endémicos, a pesar de lo cual se llegaron a edificar un aserradero y varias casas. Pero los colonos no se atrevían a invitar a otras personas mientras la influenza y la malaria los enfermaban y diezmaban. La idea de construir una comunidad en esta región fue abandonada pero, habiendo invertido hasta su último dólar en terrenos y construcciones, no podían salir de inmediato y pasaron casi dos años hasta que consiguieron casas en otros lugar e incluso entonces sólo pudieron abandonar tan malhadado paraje sacrificando casi todo su trabajo e inversiones.

En esta ocasión, Warren no había chocado con los hombres sino con los elementos y, como era de esperarse, se consideró derrotado pero no vencido. En 1837 volvió a New Harmony, la comunidad de Owen, que, a pesar del fracaso del comunismo, se había convertido en una ciudad próspera.

Sin embargo, la semilla de la utopía y el descontento social arrojada por Robert Owen nunca murió y, cada cierto tiempo, rebrotaba en olas de entusiasmo comunista. Diez o doce años más tarde, cuando los acontecimientos de 1825-26 en New Harmony habían sido olvidados, el esfuerzo cooperativo tomó la nueva forma del fourierismo, cundió la propaganda de los entusiastas del falansterio y la región vio pronto multiplicarse a las falanges y comunidades. La causa encontró en Horace Greeley un entusiasta patrocinador en la prensa. Aquellos fueron, también, los años en que se desarrolló el experimento de la Granja Brook, cuya fama perdura hasta hoy en la literatura americana. Hasta que esta ola se calmó y los comunistas sinceros pero equivocados aprendieron la inevitable pero melancólica lección, el reformista individualista decidió guardar silencio y mantenerse al margen. Luego pasó algunos años en actividades mecánicas, durante las cuales inventó la prensa de cilindro.

 



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