CAPÍTULO
V
ACTIVIDADES
VARIAS
En
marzo de 1831, Warren regresó a Cincinnati para comenzar los preparativos de su
siguiente movimiento, una aldea de Equidad. Comenzó por investigar cuáles
serían las ramas de la industria de mayor utilidad para una nueva comunidad. No
teniendo fe en la cooperación de los capitalistas en los movimientos
reformistas, creía que la obra debía ser hecha por aquellos que no tenían más
que sus manos, su tiempo y sus necesidades. Pero ¿cómo estas personas podrían
estar disponibles? Para responder a la pregunta, este infatigable reformador
inició una serie de experimentos prácticos en la herrería, la carpintería, la
construcción de casas, el hilado a máquina y la elaboración de diversos
artículos de primera necesidad. Pero lo más importante de todo fueron sus
esfuerzos por simplificar y abaratar el arte de la impresión.
El
año 1832 Cincinnati fue azotada por una epidemia de cólera. Sin tener ningún
entrenamiento como médico, Warren se dispuso, de inmediato, a echar una mano a
sus conciudadanos. Utilizó sus habilidades mecánicas para imprimir miles de folletos
con instrucciones para combatir la terrible enfermedad. La información -los
primeros síntomas de la enfermedad, los primeros auxilios, el mejor tratamiento-
la obtuvo de las obras de un médico escocés, el Dr. James B. Kirk, una
autoridad reconocida en la materia. Imprimió las hojas por su cuenta en una
pequeña imprenta inventada por él mismo, y las distribuyó durante varios meses
por toda la ciudad. Su hijo, el ahora capitán G.W. Warren de Evansville,
Indiana -por entonces un muchacho de seis o siete años que solía ayudar a su
padre en estas misiones- todavía recuerda el placer que experimentó el autor de
sus días cuando un ciudadano bien
conocido, encontrándolo en las calles comprometido en su humanitaria tarea, lo
detuvo, lo felicitó y le agradeció calurosamente. El capitán Warren afirma que
el gobierno de la ciudad aprobó, posteriormente, una resolución de agradecimiento
a su padre. Pero los registros públicos de la ciudad han sido destruidos por el fuego y no hemos podido
obtener ninguna copia de la resolución.
Durante
este período, la música fue la ocupación
regular de Warren, siendo a menudo solicitados sus servicios como director de
banda. Los masones y los miembros de otras órdenes fraternales solían celebrar
funerales públicos para aquellos de sus hermanos que hubiesen sucumbido a la
epidemia y en dichos funerales, que ocurrían casi todos los días, solía verse a
Warren a la cabeza de la banda, tocando la marcha fúnebre. Tanto gracias a este
trabajo profesional como a su dedicada labor en la impresión y distribución de
folletos, el reformador era, por entonces, una figura popular en las calles de
Cincinnati.
En
enero de 1833 apareció The Peaceful Revolutionist
("El Revolucionario Pacífico"), el primer periódico de Warren, pero
no sobrevivió al mismo año. Era un semanario de cuatro páginas dedicado a los
principios de la Equidad, de tipografía y diseño amigables y amenos. Tan
primitivos en este tiempo eran sus recursos y tan maravillosos su habilidad e
ingenio que las placas de impresión se fundieron en el mismo fuego donde su
esposa preparaba las comidas familiares. La imprenta que utilizó fue de su
propia invención y con sus propias manos hizo los tipos. No sólo escribir e
imprimir sino, también, construir la imprenta.
¿Hubo alguna vez una empresa más autosuficiente? ¡Qué entusiasta
devoción a una idea, qué decisión apasionada se mostraron aquí!
Hagamos
una pausa para imaginar la vida que, hace ya setenta años, llevaba este hombre
a la vez notable y modesto. Viviendo en una región remota y escasamente
poblada, sostenía a su pequeña familia con su trabajo como músico de banda. Al
mismo tiempo, su corazón se hallaba absorbido por los movimientos dedicados al
bienestar general. Sus talentos estaban dedicados a la causa y sus momentos
libres ocupados en invenciones destinadas a simplificar y abaratar el arte de la impresión, en interés
de la propaganda. Y, a pesar de que no buscaba ventajas personales ni lo movían
intereses materiales, nunca se presentó a sí mismo como un filántropo, nunca
pensó en su incesante actividad como un "sacrificio". Lo impulsaba una simple y cálida simpatía por
el prójimo y, a través de todas las vicisitudes y decepciones, mantuvo firme su
fe en la regeneración final de la humanidad.
El
condado de Tuscarawas, en Ohio, fue elegido como el lugar en el que surgiría la
primera aldea de la Equidad. El pionero y sus amigos compraron cuatrocientas
acres de tierra y así, a principios de 1835,
cerca de media docena de familias, incluyendo a los ya mencionados
adherentes de Spring Hill, tomó posesión de la finca. Lamentablemente, al poco
tiempo se descubrió que, en este lugar, la malaria y otros males eran
endémicos, a pesar de lo cual se llegaron a edificar un aserradero y varias
casas. Pero los colonos no se atrevían a invitar a otras personas mientras la
influenza y la malaria los enfermaban y diezmaban. La idea de construir una
comunidad en esta región fue abandonada pero, habiendo invertido hasta su último
dólar en terrenos y construcciones, no podían salir de inmediato y pasaron casi
dos años hasta que consiguieron casas en otros lugar e incluso entonces sólo
pudieron abandonar tan malhadado paraje sacrificando casi todo su trabajo e
inversiones.
En
esta ocasión, Warren no había chocado con los hombres sino con los elementos y,
como era de esperarse, se consideró derrotado pero no vencido. En 1837 volvió a
New Harmony, la comunidad de Owen, que, a pesar del fracaso del comunismo, se había
convertido en una ciudad próspera.
Sin
embargo, la semilla de la utopía y el descontento social arrojada por Robert
Owen nunca murió y, cada cierto tiempo, rebrotaba en olas de entusiasmo
comunista. Diez o doce años más tarde, cuando los acontecimientos de 1825-26 en
New Harmony habían sido olvidados, el esfuerzo cooperativo tomó la nueva forma
del fourierismo, cundió la propaganda de los entusiastas del falansterio y la
región vio pronto multiplicarse a las falanges y comunidades. La causa encontró
en Horace Greeley un entusiasta patrocinador en la prensa. Aquellos fueron,
también, los años en que se desarrolló el experimento de la Granja Brook, cuya
fama perdura hasta hoy en la literatura americana. Hasta que esta ola se calmó
y los comunistas sinceros pero equivocados aprendieron la inevitable pero
melancólica lección, el reformista individualista decidió guardar silencio y
mantenerse al margen. Luego pasó algunos años en actividades mecánicas, durante
las cuales inventó la prensa de cilindro.

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